Cristales rotos.

12/Jun/2014

CCIU, por Karina Arlin

Cristales rotos.

Cristales rotos es una obra de teatro escrita por el
dramaturgo Arthur Miller, que ya se estrenó en el Teatro Circular. La
protagoniza un gran elenco integrado por Laura de los Santos, Moré, Claudio
Castro, Paola Venditto, Oliver Luzardo y Mariela Maggioli, dirigido por Mario
Ferreira. La dan los sábados a las 20hs y los domingos a las 18hs.
El CCIU tuvo la oportunidad de conversar con Ferreira sobre
esta obra de uno de los dramaturgos más importantes del siglo XX, que él tanto
admira.
P: ¿De qué se trata la obra Cristales rotos?
R: Es la historia de lo que ocurre en el seno de una
familia, un matrimonio más precisamente. Sylvia, la esposa de Phillip Gellburg,
de un día para el otro pierde la movilidad en las piernas sin explicación
física para que esto ocurra. A la vez hay un paralelismo: mientras el drama
familiar transcurre, se hace referencia de forma permanente a lo que está
sucediendo en Alemania en ese momento. Estamos hablando del año 1938, creo que
todos recuerdan La Noche de los Cristales Rotos con todo lo que esto
representó. La protagonista femenina está permanentemente interesada y
obsesionada con esas noticias y en un momento se llega a pensar que la
parálisis viene a partir del tiempo, la dedicación y la obsesión que le genera
todo lo que está ocurriendo en Alemania. Incluso resto de los personajes, que
también son judíos, descreen y piensan que eso es algo momentáneo y se empieza
a pensar que la protagonista está bordeando la locura por tener la certeza de
que esto es grave. Ese es el argumento en líneas generales, pero Arthur Miller
es muy generoso, todos los personajes tienen una historia propia y hay
muchísimos canales como para entender qué es lo que se oculta.
P: ¿Qué viste en esta obra que te llevó a dirigirla?
R: En realidad esto empezó como una idea del Teatro Circular
que hace años me había propuesto hacer algo y no se había concretado. El
mecanismo que ellos utilizan es que los directores propongan textos posibles y,
ante una nueva invitación, yo tenía este
texto que había conocido hace unos años, cuando estaba en la dirección de La
Comedia Nacional y nos había interesado mucho.
Lo que me interesa por sobre todo es el autor. Es la tercera
obra de Arthur Miller que dirijo, es un autor norteamericano pero de origen
judío y para cualquier director de teatro enfrentarse a un texto de este
dramaturgo es muy movilizador. No se puede quedar indiferente, es siempre un
enriquecimiento. Para el director, para todo el equipo de trabajo, fue
fascinante confirmar esto una vez más a lo largo del tiempo de ensayo. Es un
autor que atrás de cada línea, de cada parlamento, ilustra o sugiere un
universo y eso es un gran alimento para el director de la obra y para los
actores, que tienen que interiormente sostener a los personajes. Eso habla de
la grandeza de este hombre.
En esta obra hay seis personajes y por supuesto que hay
algunos sobre los que recae el drama y llevan más potentemente la acción, pero
él no descuida ningún detalle. Eso en primer lugar, cualquier obra de Miller es
emocionante, interesante de hacer.
En segundo lugar, la ficción en sí tiene una trama
apasionante, pero como yo digo siempre, trasciende la historia, de lo que nos
quiere hablar Miller.
Ubica la acción allí, en una familia judía, hay un gran
conflicto sobre la identidad, la no aceptación de sí mismo que tiene el
personaje protagonista que ha construido una realidad paralela a su vida. Él no
se acepta como judío, le ha costado mucho aceptarse y la gran reflexión de la
obra es que en este mundo no es solo difícil ser judío, es difícil ser todo lo
que se nos presenta, que el mundo es difícil y en realidad, el primer problema
somos nosotros mismos con nosotros mismos. La obra habla de eso, por eso digo
que trasciende la temática. Yo puedo estar viendo la historia de esta persona
que no se acepta como judío pero puedo trasladar perfectamente a una realidad
mía o de cualquiera que la ve propia o cercana. La identificación es
permanente: por qué un matrimonio queda incomunicado durante 20 años, por qué
las cosas no se hablan cuando se tienen que hablar, todo lo que eso trae
aparejado como pasa en la obra. Es decir, por no querer aceptar la realidad,
prefiero ocultar cosas que cuando estallan lo hacen de la peor manera. Y esas
son las relaciones, los vínculos que presentan los grandes autores.
P: ¿Tuviste que hacer algún tipo de investigación para
llevar esta obra al escenario? ¿Cómo fue?
Más que investigación, yo siempre digo, lo mejor que uno
puede hacer cuando dirige un espectáculo es escuchar lo que la obra pide. En un
momento me di cuenta que para lo que la obra contaba, yo podía sentir la
curiosidad de interiorizarme por particularidades de cómo puede vivir un judío
una determinada realidad, pero no siempre esos caminos dan resultado para el
teatro. Es más, me parece que esa opción es de los actores. Por ejemplo el
protagonista de esta obra, Moré, tuvo conversaciones con un amigo nuestro de
teatro, Miguel Romer, que conocemos hace
años y a partir de allí se vinculó con un rabino que lo recibió, que vio el
espectáculo también, y quiso saber unas cosas más.
La investigación, o más que nada mi obligación, es ayudar o
conducir a los actores para que
investiguen sobre sí mismos, sobre el sentimiento, sobre la vivencia, más que
sobre el contexto. Realmente, en el final de la obra el médico, Hyman que es
judío y tiene un papel determinante, le dice al protagonista: “El problema es
que usted se odia y nada a partir de eso le va a funcionar. Su esposa no se
entiende, no se encuentra con usted porque usted no se quiere a sí mismo”. Es
muy gracioso por momentos cuando el personaje descubre que hay judíos que son
chinos, es decir, toda una construcción interior sostenida en la gran
ignorancia y sobre el individuo con una parte de su vida transcurrida de
espaldas a sí mismo.
P: ¿Qué repercusiones has tenido?
R: Me da una gran alegría, primero porque considero a la
colectividad judía un público exquisito de teatro. No he recorrido el mundo ni
mucho menos, pero la realidad teatral nuestra sí la tengo muy clara y siempre
el espectador de la colectividad judía es un espectador que aprecia la obra, el
buen teatro y siempre es delicado tocar esta temática porque muchas veces hay
actores judíos que son un poco agresivos consigo mismos. Sabemos por amigos que
está respondiendo muy bien.
La crítica, honestamente, no ha salido mucho. Salió una
crítica muy buena escrita en un diario, en la radio también, otra en un
semanario, pero lamentablemente se ha acotado muchísimo la crítica teatral.d
Recuerdo hace 15 o 20 años, estrenabas un espectáculo y al otro fin de semana
había cuatro o cinco críticas de los periódicos, ahora eso ya no ocurre. La
respuesta del público es lo que más me alegra, porque sabíamos que era una
jugada fuerte hacer una obra de dos horas de duración con un tema denso,
profundo. A veces uno piensa, erróneamente, que esto no es lo que el público
quiere ver y sin embargo venimos trabajando bárbaro, los sábados agotando la
sala y los domingos con muy buen marco de público y eso es la satisfacción más
grande, porque seguimos rescatando el buen teatro.
R: ¿Qué tanto te influye la opinión del público en el
momento de elegir una obra?
P: Eso a veces se discute con algunos compañeros que dicen
que hay que pensar en el público. Los cinco años de dirección en la Comedia
Nacional me hicieron ver que uno nunca puede adivinar lo que el público quiere
ver, pero sí lo puede intuir a partir de lo que viene haciendo. Esto no quiere
decir conformar al público, como cuando se hace la eterna discusión sobre la
televisión. En este caso, yo no hubiera dicho nunca que la apuesta de El
Circular que tiene más de 2 meses en cartel, iba a llevar tanto público. Me
alegro que sea así, a veces nos podemos equivocar, pero yo presenté varias
obras y El Circular eligió esta, así que acierta el ojo de quien eligió ir para
adelante con esta obra.
P: ¿Cómo es la puesta en escena?
R: La propia sala de El Circular tiene sus particularidades,
es una sala en la que nosotros quisimos usar las 4 plateas y es un desafío para
los directores que no estamos acostumbrados a esta sala. También es una sala en
la que es complicado poner una estructura o una escenografía importante,
entonces optamos por lo mínimo, por hacer un espacio lo más limpio posible con
un mobiliario que se utiliza en cada escena. Es un concepto de austeridad
aprovechando la sala, pero para potenciar la historia. El espectador no tiene
más distracción que escuchar lo que se habla. Hay escenas en que el espacio
está prácticamente vacío y solamente están las dos sillas en las que se sientan
los personajes. En el vestuario buscamos hacer una recreación, porque eso sí
nos parece importante, pero a mí no me gusta un rubro que se impone. Yo creo
que tanto escenografía, vestuario, música, todo sostiene el drama. Cuando
alguien sale hablando de una obra y habla solo del vestuario o de la
escenografía, quiere decir que hay algo que no estuvo bien. Y eso todo el
equipo lo entiende, creo que tiene mucho que ver el tiempo que tenemos
trabajando juntos con escenógrafos, vestuarista, iluminador, cada vez nos
entendemos con menos palabras. A mí también me gusta lo necesario, el exceso en
el escenario no siempre me agradó mucho.
P: ¿Cómo fue el trabajo con los actores?
Muy bien, es la primera vez que trabajo ahí y resultó ser un
elenco muy disciplinado y muy bien dispuesto. Hay algo que es una máxima en el
teatro: todos sabemos que cuanto antes aprendas tu letra, más rápido va a ser
el proceso y más fácil va a ser el trabajo. Y en ese sentido yo respeto y
valoro mucho la respuesta del elenco, porque como la gran parte de los
actores, hacen otras actividades en el
día. A veces llegan a los ensayos a la noche después de jornadas largas y
vienen con la letra sabida y esto es un esfuerzo. En ese sentido fue muy
relajado el trabajo. Yo suelo no ensayar muchas horas, no porque no me guste,
sino porque no me da demasiado resultado. Muchas veces lo que esperás de un
ensayo se consigue a la hora, hora y media, y de pronto valoro más cortar el
ensayo allí, dejar que la gente vaya a descansar, confiando en que eso que se
logró se va a potenciar y va a mejorar, y que eso que se logró es fundamental
para que luego el resto de la obra crezca. Es cierto que aquí la duración de la
obra y todo lo demás me hizo pensar en un momento que podíamos estar acotados
con los tiempos, pero una vez más apareció el teatro con toda su fuerza y
teníamos el compromiso de estrenar.
P: ¿Por qué la gente tiene que ir a ver esta obra de teatro?
R: Ojalá la gente se encuentre con una historia que los toque
por alguna zona, que los remueva por donde sea. El teatro es un
entretenimiento, es un espectáculo, pero descreo de los que piensan que tiene
que ser siempre un episodio amable. Uno puede salir hasta angustiado de una
obra de teatro, de una película o de un concierto, movilizado, emocionado y
creo que ahí es cuando el arte cumple una función. En este caso, creo que es
lindo que la vean todos, nos podemos sentir identificados con lo que le ocurre
a las personas. Creo que hay que verla porque detrás de esta obra hay buen
teatro.